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Elegir los tipos
Esta es sin duda una parte crítica del proceso de diseño. Todo el aspecto y significado aparente del trabajo, cambia con un tipo de letra u otro. Aunque no analicemos de forma consciente qué tipografía se ha utilizado, subconscientemente relacionamos aquello que vemos con experiencias anteriores. Y así, nada más mirar el diseño, sólo el tipo de letra utilizado ya nos comunica una sensación fría o amistosa, agradable o molesta, formal o informal.
Al primer vistazo, la tipografía y el color dicen más que el mismo texto...
Junto con el color, la tipografía puede alterar por completo el significado que asociamos a un diseño. El texto puede decir una cosa; las letras, otra muy diferente. Si es preciso elegir con cuidado, no tendremos problemas con la inmensa oferta de tipografías disponibles (literalmente, hay miles de fuentes digitales donde elegir.) Incluso el usuario más casero tiene a su alcance centenares de fuentes, como las que vienen de serie con muchos programas, tales como Office o CorelDraw.
Por otra parte, la tarea de seleccionar aquello más apropiado de entre un conjunto tan extenso puede intimidar, o hacer pensar que se trata de una labor de expertos. En realidad basta hacer caso del sentido común y leer algunas informaciones básicas para poder ir sobre seguro.
Asociación de tipografía al tiempo y al espacio.
La tipografía tiene un poder insospechado:
condiciona en buena parte la manera en que percibimos un
mensaje. Tal como pasa con los estilos artísticos,
musicales, la moda... cada tipografía puede estar asociada
inequívocamente a un lugar determinado y a una época
concreta. Esto hace que, normalmente, las tipografías que
tienen una asociación clara de este tipo sirven para usos
muy determinados, y que se empleen escasamente fuera de
éstos, haciendo que incluso resulte extraño verlos en un
contexto diferente del esperado. Por ejemplo, ¿por qué
muchas cervezas se anuncian o tienen su logo con las
típicas letras góticas fraktur?
Algunos estilos de fuentes se asocian a momentos en el tiempo o a lugares geográficos: se trata de un buen recurso para el diseñador, para reforzar la comunicación. Sólo con una elección adecuada de la tipografía ya puede conseguir buena parte de los objetivos de su proyecto. En la página "Asociaciones" tratamos esta cuestión con más detalle y con algunos ejemplos más.
Crear grupos de fuentes a medida.
Cuando tenemos un gran conjunto de fuentes tipográficas, existen programas de manejo y organización de fuentes que se hacen imprescindibles. Algunos son gratis, otros son shareware, de manera que nos podemos hacer una idea de qué pueden hacer y cómo pueden simplificarnos la vida, tipográficamente hablando. Una prestación ideal de los programas organizadores de fuentes es la capacidad de crear grupos (o sets). Un grupo o set no es otra cosa que un conjunto de fonts, agrupadas según un determinado criterio: por ejemplo, fuentes serif, fuentes sans, letra manual... El grupo normalmente no contiene las fuentes en sí, sólo una referencia para acceder a ellas instantáneamente; así se pueden añadir, eliminar y cambiar fuentes del grupo sin ningún riesgo, ya que el fichero de fuentes en sí no se ve afectado.Una vez se empieza a utilizar esta posibilidad, se convierte en algo adictivo e imprescindible: es la forma más rápida y cómoda de acceder a todas las fuentes necesarias para cada trabajo.
Como mínimo, si se tiene una colección de varios centenares de fuentes, conviene crear algunos grupos básicos (utilizamos las que comentamos en la página siguiente: serif, sans, caligráficas, decorativas, dingbats...) Pero también es buena idea preparar grupos especiales, tales como grupos que recogen todas las fuentes necesarias para un proyecto, y la paleta de fuentes que utilizamos.
Grupos de tipos especiales:- Las fonts slabserif o egipcias son un tipo
especial de letra con serif o remate. En estas fuentes,
los
remates son rectos. Reconocemos que tenemos
una debilidad por ellas. Son simples, elegantes y
funcionales, y además fáciles de leer. Efectivas tanto
para texto como para títulos. Además, no están demasiado
vistas. Ejemplos típicos: Lubalin Graph, Geometric
Slabserif, Stymie, Serifa, Square Slabserif... - Fuentes al estilo de los arquitectos: fonts que se parecen a la rotulación que utilizan en los proyectos; un grupo muy variado, que incluye desde fuentes un tanto irregulares como otras más refinadas.
- Letras de plantilla: desde las que se emplean para fardos y embalajes a las minúsculas plantillas de Rotring; algunas se utilizan mucho (al estilo del Dymo -¿recordáis estos artilugios?), otras no tanto. Plantiya es una creación original que surgió porque no encontrábamos en ningún sitio algo semejante. Más adelante hemos podido localizar otras, ofrecidas gratis, como Mars o la Holstein.
- Letras de máquina de escribir. Quien iba a decirlo. Después de años de pedir algo más regular y perfecto, con la llegada del DTP y las impresoras láser, los diseñadores vuelven a emplear imitaciones digitales de las viejas letras de mecanografía mecánica. Se ha abusado mucho del efecto, pero todavía es una solución única para muchos trabajos.
Tal como preparamos una paleta de colores para usar en un diseño o pintura, también podemos escoger un grupo de fuentes que vaya bien para un determinado trabajo. Una paleta típica contiene:
- 1. Una fuente para el texto, acompañada de:
- 2. Una fuente para los títulos y subtítulos; su tamaño puede estar aumentado en un 120 - 130% de la fuente del texto.
- 3. Una fuente para los pies de foto, resúmenes, citas y notas. En muchos caso, puede ser la misma fuentes que para los subtítulos, a tamaño más pequeño, por ejemplo a un 70 - 80% del tamaño del texto.
En cada documento, al margen de la paleta básica, también puede recurrirse a alguna fuente especial, con mayor impacto, para el título general, o para separar grandes secciones. Esta fuente la elegiremos con mayor libertad, siempre velando de que sea apropiada para los contenidos y la intención del trabajo.
El color, aplicado discretamente a algunas partes del texto, puede mejorar mucho su captación y aportar distinción. Incluso puede crear la impresión de mayor variedad de fuentes. Pero el color, usado inadecuadamente, puede tener un impacto negativo, y actuar como distracción y dar un aspecto vulgar. Por tanto, debe manejarse con prudencia y sentido común. Un ligero toque de color en los subtítulos, o remarcando una cita, es un recurso muy útil y elegante, pero hacer un collage de colores en una página de texto que pretende ser serio o informativo pone en evidencia un mal gusto y un escaso sentido común.
¿Qué fuente elegimos?
Igual que la ropa con que nos vestimos, elegir una fuente es una cuestión muy personal, pero que refleja nuestro gusto y personalidad, o nuestras intenciones al preparar el documento: al menos, esto es lo que trasciende para el lector. Cada uno tiene su propio gusto, pero hay una serie de convenciones y debemos hacer caso de ellas si queremos que nuestros documentos no se presten a malas interpretaciones. Igual que acudir a una entrevista de trabajo vestidos con ropa multicolor, puede ser chocante, también sería difícil de entender que un documento pretendidamente formal ¡estuviera impreso en letras que sugieren el anuncio de una fiesta infantil!
Para acertar con la elección, podemos dejarnos guiar por la impresión que nos causa el tipo de letra: ¿sentimos que entona con los contenidos, o no? ¿Se parece a los modelos que consultamos, o se aparta mucho? Hemos de elegir con sensatez. No olvidemos que las fuentes que usemos proyectarán buena parte de nuestra imagen y pueden potenciar o interferir el mensaje según elijamos. Conviene evitar lo que ya está muy visto. Una fuente que todo el mundo usa hace que nuestros documentos sean indistinguibles, un producto clónico de los demás. Las fuentes que incluyen los PC, como Arial (Helvetica), Courier y Times New Roman son las fuentes más repetidas de la historia. Para textos impresos, hay docenas de alternativas que, siendo básicamente del mismo tipo, sacarán del anonimato y aburrimiento a los textos que preparemos. No deben, sin embargo, desinstalarse del ordenador, porque muchos programas las utilizan en sus menús y diversas funciones. Pero no las utilicemos más allá de lo estrictamente necesario. Con el uso excesivo, fuentes que intrínsecamente son bonitas y con diseños muy refinados, acaban por cansar. Es lo que sucede ahora con fuentes estilo humanista como Officina Sans o Meta. Se emplean en todas partes; muchas empresas las han incorporado en su identidad corporativa, en anuncios... Al estar expuestos a tanta repetición, llega a provocarse hartazgo. Hace unos años sucedió con Helvetica. Ningún diseñador mínimamente profesional quiere oir hablar de ella, y utilizan alguna de las múltiples fuentes semejantes a ella, sutilmente distintas y no que no han cansado tanto. Con estas fuentes tipo Officina pasará sin duda algo parecido. Sí: con las fuentes tenemos auténticas modas: lo que ahora es actual, fresco, dinámico, cool, en unos meses o unos pocos años se convierte en aburrido, pesado, cansado. Si os gusta una fuente, pero la emplea mucha gente, aprovechadla mientras dura su vigencia... intentando que el diseño destaque por algún otro aspecto. Pero puede ser mejor idea buscar alternativas.